El arte digital de contar historias

Escrito por Mario Aller el día 28/01/2014 - 19:25

A pesar de sus años, El arte de contar cuentos, de Sara C. Bryant, sigue siendo uno de los libros importantes para todos los que se interesan por la presencia de los relatos y las historias en la educación. Porque, como dijo la autora, explicar cuentos a los niños y a los jóvenes no es nada fácil. Por eso, de sus páginas todavía se pueden extraer buenos consejos para mejorar nuestra forma de contar: la sencillez en el estilo y la expresión, el movimiento lógico en la acción, la expresión dramática, el entusiasmo en nuestros relatos. Claro que la pregunta llega sin remedio: ¿es así también en nuestro mundo digitalizado?

Para la especie humana, las historias son como un ADN cultural. En ciertas culturas incluso algunos objetos han pertenecido a relatos determinados. Por esa razón, contar una historia es la forma más poderosa para activar nuestro cerebro.

Esta vigencia de la narrativa se ha visto favorecida por muchos estudios y enfoques: desde el análisis de los cuentos populares de Propp hasta el paradigma del sentido narrativo de la realidad, el esquema narrativo de Bruner. Una idea básica es que las historias permiten las identidades de las personas y de sus comunidades. De todos modos, nadie puede prometer que los cuentos orales continúen dándonos más o verdades o certezas. Tal vez los viejos mitos se las proporcionaban a los griegos de Homero o a los pueblos indígenas de ciertos continentes. Pero aunque nuestro tiempo es el siglo XXI, seguimos siendo criaturas que cuentan historias. Porque en ellas hemos encontrado un antídoto eficaz para superar los miedos, y, además, una buena manera para crear un sentimiento de integración comunitaria.

Desde la aparición de la imprenta, las diferentes tecnologías y la posterior digitalización de la sociedad han facilitado la posibilidad de compartir historias. Por esa razón, ahora nos llega desde la cultura anglosajona una nueva palabra o denominación, storytelling. Pero no es más que el antiguo arte de los cuentacuentos aplicado, eso sí, a nuevas utilidades: la empresa, la política, el mundo profesional, la escuela, las redes sociales.

Digital Storytelling con Edshelf

Contar historias es una forma original de enseñanza, como defiende desde hace tiempo Kieran Egan. Aunque la narrativa no es algo nuevo, que ya lo mostró Sara C. Bryant, la idea de narración digital en sí misma es algo joven, que forma parte del mundo actual, de nuestra época.

En un blog que ya anduvo su camino, y que siempre tendrá en su memoria a Educa con TIC, nos hacíamos una pregunta: ¿todavía existen razones para contar historias? Tal vez la narrativa digital, que es el arte de contar historias reconvertido en Digital Storytelling, pueda ofrecernos alguna respuesta, alguna posibilidad.

Así, en el sitio Edshelf nos ofrecen 100 posibilidades para crear historias mediante la narrativa digital, usando muchas de sus variedades. Hay herramientas que se pueden usar con los ordenadores, pero también nos presentan algunas aplicaciones para los dispositivos móviles, como smartphones y tabletas. En todo caso, creo que los profesores –y los alumnos- no somos los trabajadores de ninguna cadena de montaje, ni tampoco una nueva clase de materias primas. Y si es evidente que el cerebro humano fue diseñado para contar y escuchar historias, los maestros también somos responsables del funcionamiento de ese diseño. La enseñanza vive ahora plagada de foros y wikis, juegos, vídeos y blogs, páginas web y podcasts, en una mezcla de oralidad, escritura y comunicación visual. Si las historias antes eran importantes, ahora son material diario de escuela.

Storyteller Media y el canto de las ballenas

Los creadores de este sitio web australiano se consideran unos narradores digitales. Producen y distribuyen presentaciones, documentales y series para televisión e internet y también para plataformas móviles. Desde aquí, su única dificultad radica en su idioma, que es el inglés, por supuesto. Al revisar su canal en YouTube, hallé un gran documental sobre las ballenas, WhaleSong, y recordé una historia. Dejad que os la diga. Creo que fue Dyan Sheldon quien la contó antes, aunque no estoy seguro de que fuese el mismo relato.

Un día, la abuela de una niña llamada Lili le explicó que hace tiempo había ballenas en los océanos. Eran tan grandes como colinas y pacíficas como la Luna… Me sentaba al final del muelle a esperarlas. Avanzaban danzando a través de las aguas. ¿Y cómo sabían que tú estabas allí? ¿Cómo te encontraban, abuela?, preguntó Lili. Su abuela sonrió. Ah, tenías que llevarles algo especial. Una caracola o una piedra de formas perfectas. Y si tú les gustabas, las ballenas aceptaban tu regalo y te daban algo a cambio.

¿Y que te dieron, abuela?, preguntó Lilí, ¿qué has recibido tú de las ballenas? Entonces, la abuela de Lili suspiró. Una o dos veces, le susurró, una o dos veces las oí cantar. En ese momento, el tío Federico irrumpió en la habitación y dijo bruscamente:

¡No eres más que una vieja chiflada! ¡Las ballenas fueron valiosas por su carne, por sus huesos y por su grasa! ¡Si quieres contarle una historia a Lili procura que se trate de algo útil, no le llenes la cabeza con tonterías…!

Pero la abuela de Lili continuó: Aquí vivieron las ballenas millones de siglos, ya antes de que existiesen barcos, ciudades e incluso los hombres de las cavernas. Se decía de ellas que eran mágicas.

Cuando se durmió, Lili soñó con ballenas. En su sueño las oyó cantar como el viento. Saltaban sobre las aguas y la llamaban por su nombre. Por la mañana, Lili bajó al océano.

Caminó hasta el final del viejo muelle, donde no había nadie… Sacó de su bolsillo una flor amarilla y la dejó caer: ¡Esto es para vosotras!, gritó al viento. Lili se sentó al borde del muelle a esperar. Cuando comenzaba a oscurecer, tío Federico bajó de la colina a buscarla.

¡Basta ya de locuras!, dijo ¡vamos a casa!, ¡no te puedes pasar la vida soñando!

Aquella noche, Lili se despertó de repente. La luz de la Luna iluminaba su habitación. Se incorporó y prestó atención. La casa estaba en silencio. Lili saltó de la cama y se acercó a la ventana; oía algo en la distancia, desde el otro lado de la colina. Salió de la casa y corrió hacia la costa, mientras su corazón latía cada vez con más fuerza. Allí, en el océano, estaban las ballenas. Saltaban, brincaban y giraban iluminadas por la Luna. Su canto inundaba la noche. Lili vio su flor amarilla meciéndose entre la espuma.

Pasaron minutos, quizá horas. De pronto, Lili sintió la brisa moviendo su camisón. Tenía los pies helados, comenzó a tiritar, se restregó los ojos. El mar había vuelto a la calma y la noche ya era muy oscura. Lili pensó que todo habría sido un sueño. Se levantó para volver cuando de repente, desde lejos, desde muy lejos, como un susurro del viento, oyó...

¡Lili! ¡Lili! ¡Lili!

Las ballenas la llamaban por su nombre…