Del MOOC a la institucionalización distribuida

Escrito por Pablo Bongiovanni el día 28/03/2013 - 15:30

Uno de los puntos que muchas veces generan controversias tanto para los que recién se inician en la idea de los MOOC como así también para los que ya tienen experiencias y recorridos realizados en MOOC, es el de la certificación. Quién certifica, cómo lo hace, para qué lo hace, son tan solo algunas de las preguntas que conforman esa punta de la red por la cual se puede comenzar a abordar la gran red de cuestiones que conforman los Mooc. Como todo tema complejo, requiere que muchas variables sean puestas en juego. En este caso, aportamos una idea que retoma uno de los puntos del Manifiesto MOOCque recientemente compartió Fernando. Y se basa en identificar dos posibles lógicas en las estrategias para la certificación.

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Uno de los puntos que muchas veces generan controversias tanto para los que recién se inician en la idea de los MOOC como así también para los que ya tienen experiencias y recorridos realizados en MOOC, es el de la certificación. Quién certifica, cómo lo hace, para qué lo hace, son tan solo algunas de las preguntas que conforman esa punta de la red por la cual se puede comenzar a abordar la gran red de cuestiones que conforman los Mooc. Como todo tema complejo, requiere que muchas variables sean puestas en juego.

En este caso, aportamos una idea que retoma uno de los puntos del Manifiesto MOOC, que recientemente compartió Fernando. Y se basa en identificar dos posibles lógicas en las estrategias para la certificación

En torno a la historia de los MOOC en este punto hay una historia interesante en el blog de la CUED. Pero yendo al tema de la certificación: En el manifiesto citado se dice en el artículo 23;

"Los certificados son importantes para el mercado educativo (y laboral) pero los certificados no son necesariamente importantes para el aprendizaje ni para las personas interesadas en aprender. En todo caso, los MOOCs pueden satisfacer ambas necesidades".

Si pensamos en la forma en que tradicionalmente se certifican los procesos de formación, capacitación y educación en general, tienden a generarse en el marco de una institución o -en algunos casos- un grupo de instituciones que brindan una especie de gran paraguas debajo del cual se cobijan las propuestas, diseños pedagógicos, administrativos, docentes, alumnos. Todo ese conjunto desemboca al final del camino en un certificado (en este sentido usamos el concepto de certificación) que se le brinda a una persona por haber recorrido un trayecto de capacitación o formación con éxito.

Este podría ser el primer formato. Más tradicional si se quiere, que bien aplica para los MOOC, MOOLE (Massive, open, on-line learning experiences)  que se generan en el marco institucional, o desde una propuesta formal institucional como puede ser una Universidad, un grupo de Universidades, agentes reconocidos como el MIT, o emprendimientos novedosos como Miriada X o Coursera, por nombrar algunos.


Si imaginamos un segundo formato o lógica de organización, donde las instituciones no sean el centro sino que más bien participen desde la periferia, o ingresen a este sistema desde la periferia, sería distinto. En esta organización la lógica parte de un conglomerado de responsables que diseñan un curso, lo gestionan, lo administran, y los alumnos se contactan directamente con ellos pero teniendo como mediadores otros responsables (o los mismos pero en otro rol) que generan los contactos con las instituciones que luego certificarán ese trayecto de formación. Un ejemplo, la experiencia que tiene lugar en Tejiendo Redes de Aprendizaje en Línea #TRAL.


En el primero de los formatos el curso se inserta en un marco, una plataforma, una idea, una institución. En el segundo, la lógica cambia y es el marco el que se flexibiliza para volverse permeable a las instituciones, teniendo como motor la red de personas. El objetivo es que todos ganen, y si se lo piensa en frío, de esta manera se podría lograr con total fluidez. Más allá de que el primer formato siga funcionando a la perfección (y vendiendo, por más que sean cursos gratuitos, venden imagen). Para la implementación de un formato como el segundo identificado, un problema evidente aparece en el sentido de que las instituciones no están acostumbradas a esta lógica. Pero a su vez, una oportunidad se encuentra en que las personas -cada vez más- aprendemos a aprender en red, y cada vez más a vivir mejor en comunidad y a potenciarnos mutuamente con las tecnologías que tenemos a nuestro alcance.

Todo esto a sabiendas de que, como dijo Francesc Llorens en alguna oportunidad en Twitter :)

"A estas horas la literatura sobre #MOOC debe haber superado a la suma de todos los participantes en todos los MOOC del mundo #postecnologia" @francescllorens

Los gráficos que usamos en este post no son los mejores, pero intentan acompañar la idea de los dos formatos en las lógicas en la certificación de los MOOC. Si identifican otros formatos, si se les ocurren otras ideas, si tienen formas más profesionales de graficarlas, sería muy valioso que nos lo hagan saber! en los comentarios, enlazando, posteando, refiriéndolas, para sumar por qué no, también al  Manifiesto MOOC.