Antes de acceder al contenido de este post, dejadme que os cuente una pequeña historia. Aunque estamos en agosto y de vacaciones, este viaje no estaba programado, os lo aseguro. A nadie, en su sano juicio, se le ocurre viajar de esta manera. Pero no tuve otra opción que aceptar. La oferta era muy interesante. Se trataba de andar por el mundo de Internet en compañÃa de una princesa, de una princesa de cuento. Y, además, con todos los gastos pagados. ¿Qué podÃa hacer? Nunca se me presentará una posibilidad semejante…
<!--break-->Los cuentos populares están en la tradición de los pueblos, pero no pertenecen a ninguno en particular. Por ese motivo, al empezar este viaje, supe que el nombre de este cuento podÃa ser muy diverso. Por ejemplo, Cenicienta en español, Cinderella en inglés, Aschenputtel en alemán, Cendrillon en francés, Akungen en sueco, Pepelyouga en serbio, Hamupipóke en húngaro, Cerentola en italiano, Popelka en checo... En el universo de los cuentos no existe un único lugar para cada historia, como escribà antes. Por eso, de cada uno de ellos hay muchas versiones, y sobre todo con sus propios nombres. Cenicienta se sentÃa muy orgullosa de las más de 345 variantes de su cuento.
Como seguramente ya sabéis, Cenicienta es el personaje principal de un famoso cuento de hadas. En los paÃses de raÃz hispánica, o incluso ibérica, estamos más familiarizados con el relato de los Hermanos Grimm o con la versión de Charles Perrault. Y, probablemente, la mayorÃa conocemos la pelÃcula de Walt Disney. Pero ese último detalle, en realidad, a Cenicienta no le hacÃa mucha gracia. Más bien poca. DecÃa que la habÃa convertido en una niña débil y sumisa, y que ella realmente no era asÃ.
La escritora Alison Lurie, autora del libro No se lo cuentes a los mayores, nos ofreció algunos datos. Al parecer, el origen de Cenicienta estaba en el Antiguo Egipto, en la historia de Rhodopis. Asà que, debido a su antigüedad, las versiones multiculturales de este cuento popular pueden ser un recurso atractivo en la escuela, para dar a conocer las creencias y culturas de otros pueblos.
Aunque los productos de la factorÃa Disney posean una audiencia inimaginable para el narrador de cuentos de cualquier época, su repertorio es escaso, si tenemos en cuenta la extraordinaria riqueza de la literatura popular. Eso fue lo primero que quiso mostrarme Cenicienta, viajando conmigo por la red: los cuentos, los mitos y las leyendas del mundo.
A continuación, como Cenicienta sabÃa que en Educ@conTIC nos dedicamos a la enseñanza, y que muchos de sus lectores y lectoras también, me llevó a otros sitios de Internet. A lugares increÃbles que hay en todos los continentes, llenos de páginas web y de blogs con ideas, experiencias escolares y actividades de aula, y con cientos de recursos que sus autores deseaban compartir. Asà que me puse a seleccionar un poquito, con su ayuda, por supuesto.

A punto de finalizar nuestro viaje, le dije que los cuentos populares han sufrido imitaciones y tergiversaciones, e incluso la explotación comercial más interesada. Pero que también son la materia prima para muchos profesores empeñados en la creación de historias como parte fundamental del aprendizaje. Y para escritores como Gianni Rodari, que han transformado los cuentos al utilizarlos en sus creaciones literarias, forman parte de una auténtica pedagogÃa de la imaginación.
Para Cenicienta, el juego con los cuentos habÃa sido siempre algo normal. No le preocupaban los cambios o las crÃticas, por muy negativas que fuesen. Al contrario, valoraba tanto esos juegos y transformaciones que fue ella la que me mostró algunos ejemplos. El poder de los cuentos se basa en su gran capacidad de adaptación, tanto en el tiempo como en los diferentes mundos...