Ordenadores, imaginación y escuela

Escrito por Mario Aller el día 16/12/2009 - 00:39

A veces, en los medios, parece que las nuevas tecnologías y la imaginación son términos contrapuestos. Pero nada más alejado de la realidad. La imaginación es una elección permanente hacia la comunicación. De algún modo, aquello que es imaginado en la escuela, se desea también compartir. Y el ordenador transmite y comparte al mismo tiempo.

La capacidad de memoria del ordenador, sus posibilidades operativas para el tratamiento de datos y, sobre todo ahora, su utilidad para navegar por Internet, hacen que sea el instrumento más capaz de cuantos ha inventado el ser humano. No es sólo una herramienta para tratar la información, sino que sirve para enseñar a organizarla. De esa forma, la tecnología puede ser muy útil para elaborar contenidos con significados múltiples, para construir así hechos y materiales nuevos. Es decir, para realizar actos de conocimiento y de comunicación originales.

Los ordenadores, por tanto, ofrecen algunas cualidades muy importantes que permiten desarrollar la creatividad en los niños.

Pero hoy también quiero hablar de las ideas del profesor Kieran Egan, al que descubrí hace ya algún tiempo. Su libro Fantasía e imaginación: su poder en la enseñanza, editado por Morata en 1994, fue en aquel momento una agradable lectura. Sus aportaciones, basadas en la psicología y en la antropología cultural, resultaban entonces muy novedosas y sugerentes.

Egan criticaba determinados aspectos de la didáctica en la escuela primaria vigentes en aquella época. Como, por ejemplo, el principio que decía que los niños sólo aprenden si se procede de lo concreto a lo abstracto. Para él, esa idea olvidaba las herramientas básicas con que cuentan para dar significados a su experiencia y a la información nueva que reciben en cada momento: la imaginación y la fantasía. Desde Vigotsky, la mayoría de autores, a partir de observaciones prácticas, afirman que los niños aprenden a partir de lo que ya saben. De hecho, cuando llegan a la escuela, entran con un bagaje de imágenes mentales y de sencillos conocimientos abstractos, en parte proporcionados por los relatos de su entorno familiar.

En este mismo sentido, un conocido profesor universitario asegura que si queremos que nuestros estudiantes lleguen a aprender, dominar y aplicar algo con criterio, debemos procurar envolver ese algo en un contexto que haga intervenir las emociones. Se trata de  Howard Gardner, profesor en la Universidad de Harvard, del que podemos explicar su afirmación pero a la inversa. Así, diremos que lo más seguro es que las experiencias desprovistas de un impacto emocional tengan poco atractivo y se olviden pronto, sin dejar ni una simple representación mental. Y está claro que los cuentos y la imaginación viven en el mundo real de las emociones.

Ahora nos hablan del storytelling como el arte de la comunicación, cuando es bien conocido desde hace mucho tiempo. Tal vez sea debido a que los nuevos medios hayan expandido como nunca antes la palabra, la escritura, la narración de historias por toda la Red. Así, en la presentación que hay debajo se defiende el estímulo de la imaginación en la escuela, aunque lo hace de un modo indirecto. En su interior hay un pequeño vídeo con una interesante entrevista al escritor noruego Jostein Gaarder. Según él, hoy en día el profesor perfecto tiene que ser un buen narrador de historias. 

El profesor de la era digital, el maestro de la Escuela 2.0, se maneja en Internet y participa de forma interactiva en las redes sociales, cuenta en blogs y wikis, y realiza vídeos educativos. Incluso escribe tuiteos (tweets) a sus amigos y colegas de cualquier parte del mundo. Eso también forma parte de la nueva narrativa que utiliza el ordenador y la tecnología en las aulas, y que algunos llaman digital storytelling. Pero nadie ha demostrado que la enseñanza actual deba olvidar la imaginación o las emociones. Al contrario, todo ello tiene que formar parte de la educación.