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23 Oct
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leerenpantallaTanto por ocio como por negocio soy un lector voraz. Mi biblioteca contiene varios miles de volúmenes y compro de manera compulsiva libros y revistas de diversos géneros; disfruto en las bibliotecas como un pez en el agua y los centros comerciales sólo me gustan si hay una librería dentro. En varias ocasiones he renegado públicamente del libro electrónico y, sin embargo, el pasado 31 de agosto me propuse pasar un mes leyendo exclusivamente en pantallas: esta es la crónica de ese mes y lo que he aprendido con la experiencia.

Descripción de la experiencia

Durante el mes de septiembre y las primeras semanas de octubre he continuado leyendo a mi ritmo usual aunque he cambiado la tinta impresa por tinta electrónica. Entre los textos que he leído están las siguientes publicaciones:

Además de estas publicaciones hay un buen número de otros textos que he leído en pantalla durante este mes como, por ejemplo, el Plan de Prácticas de la Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta o el Anteproyecto de la Ley para la Mejora de la Calidad Educativa, además de noticias de prensa, blogs, páginas del BOE, normativa de mi universidad, manifiestos, declaraciones, etc. Precisamente esta es una de mis primeras conclusiones: me he dado cuenta de que leo en muy variados formatos y con muchas intenciones distintas: leo para aprender, leo para informarme, leo para disfrutar, leo para relajarme, leo para participar, leo para mejorar mi entorno, etc. Pensar qué significa leer en pantalla me ha hecho darme cuenta de qué (y cuánto) significa leer para mí.

Gadgets y lectura

Es curioso que cuando comencé esta experiencia - quizás por irreflexión - relacioné leer en pantalla con gadgets. Por ello mi primera preocupación era disponer de lectores electrónicos que me permitieran "leer en pantalla": un iPad, un Kindle y un lector Papyre en préstamo gracias a la UGR serían mis herramientas de lectura. Sin embargo, mis dos primeras conclusiones es que (1) leo en muchas más pantallas de las que percibo como herramientas de lectura (leo en la televisión, en las pantallas de mi portátil y mi ordenador de sobremesa, en la Nintendo de mis hijos o, por supuesto, en mi teléfono) y (2) leo muchos más textos que aquellos que se suelen ser considerados "géneros" de lectura: mapas o diálogos en juegos, tablas en páginas web, comentarios en blogs, etc. Así pues, mientras que leer fuera de la pantalla está ligado a un único objeto cuyo uso fundamental es la lectura (libro, revista, folleto, cartel, etc.), leer en pantalla es una actividad poliédrica relacionada tanto con dispositivos monofuncionales (lectores electrónicos) como multifuncionales (tabletas, teléfonos, ordenadores, etc.), siendo esta última la tendencia de los próximos años si nos atenemos al diseño de los dispositivos de Kindle y su fusión de lectores y tabletas.

En todo caso, no he leído igual en unos dispositivos y otros. Por ejemplo, pronto descubrí que el lector de Amazon es un aparato muy cómodo para viajar, para leer en la cama, para llevarlo a la playa o cuando quiero llevar poco peso y que su batería parece eterna. En ocasiones como un traslado en autobús o la espera en una consulta médica, usar el iPad implicaba cargar con más peso (170 gramos del Kindle frente a los 600 del iPad) y atraer más la atención, una sensación absolutamente personal y quizás poco importante para ti aunque relevante para mí. Sin embargo, el Kindle no me satisface para leer "textos académicos". Mi práctica de subrayar y anotar, cultivada durante muchos años de lectura, es complicada en el Kindle: puedes subrayar pero el dispositivo no te deja (¿o no he sabido yo?) exportar tus subrayados a un programa de gestión de bibliografía o de escritura para preparar mis publicaciones. El único fin del subrayado en Kindle es compartir tus "selecciones" con otros lectores-usuarios de Kindle o a través de algunas redes sociales preestablecidas por Amazon, pero no usarlos con ningún fin académico.

Por otro lado, el iPad, además de añadir peso y una irresistible atracción de las miradas circundantes, también tiene otra influencia sobre mi lectura: es un gadget con tendencias de lectura disruptivas. Si no activas el botón de "no molestar" (en iOS6) o desconectas las notificaciones o incluso la wi-fi, la aparición de mensajes de correo, SMS, WhatsApp, tuits y mensajes de Facebook es capaz de desconcentrar, por medio de lecturas invasivas, al más concentrado de los lectores. Es más, incluso cuando desconectaba el iPad del mundo exterior, mi tendencia habitual con este dispositivo era leer mi correo, mi timeline de Twitter y mi muro de Facebook antes de empezar a leer el texto que inicialmente había decidido. El iPad, en mi opinión, es un gadget para la conectividad y con frecuencia la lectura exigen aislamiento; "desconectar el iPad de las lecturas invasivas" es, por tanto, un paso previo a ciertas "lecturas recogidas".

Por el contrario, poniendo en positivo este mismo razonamiento, el iPad me ha permitido - no sólo durante este mes sino desde hace ya bastante tiempo - algunas lecturas mediadas por aplicaciones concretas realmente muy satisfactorias. Así, por ejemplo, la app Zite y su selección de artículos se ha convertido en una lectura diaria obligada; la "revista social" Flipboard es desde hace algún tiempo mi manera de interactuar con mis listas en Twitter y con mis grupos en Facebook; guardar un texto en mi carpeta "Docs_to_read" de Dropbox y abrirlo en el iPad con GoodReader se ha convertido en mi manera de trabajar textos académicos digitales; mis "textos financieros personales" (facturas y notificaciones bancarias, vaya) los reviso a través de la app de mi banco, más rápida y clara que su web; y, en general, las App se han convertido en un "entorno lector" donde lo mismo leo y escribo sugerencias gastronómicas con Yelp, revisamos el catálogo de IKEA para esta temporada o disfruto con lecturas como The History of Jazz o la estupenda iPoe, con una selección de cuentos de Edgar Allan Poe estupendamente ilustrada y "ambientada".

Finalmente, el lector de Papyre venía "formateado" desde la biblioteca de mi facultad. Cada vez que un usuario lo devuelve se borran sus contenidos y se recarga la batería (mediante su conexión USB). En principio no hay diferencias grandes prácticas entre el Kindle y el Papyre pero mi experiencia como usuario es más "grata" con el Kindle que con el Papyre por una sencilla razón: la experiencia de compra y sincronización de libros en el Kindle y todos aquellos dispositivos donde se pueda utilizar una aplicación Kindle (como el iPad, el iPhone o el propio ordenador) es realmente tan sencilla como sorprendente. Por otro lado, cuando pedí el Papyre prestado pensaba que se podrían descargar de alguna forma los libros electrónicos que se encuentran en la Biblioteca de la UGR, pero esto no es así al menos en el modelo que se ofrece en préstamo. Obviamente, sí puedo descargar artículos o libros de otras fuentes y pasarlas al lector mediante USB, pero para mí ha sido más sencillo usar directamente el iPad vía wi-fi para estos cometidos. Así pues, al poco tiempo de comenzar mi experiencia abandoné el Papyre por un uso combinado de Kindle y iPad.

Lecturas y prácticas sociales

Leer es una actividad social que se realiza, con frecuencia aunque no exclusivamente, de manera individual. ¿Qué significa que leer es una actividad social? En primer lugar, leer está vinculado con nuestras prácticas sociales, profesionales y de ocio, donde la lectura suele tener lugar inmersa en estas prácticas sociales más generales; en segundo lugar, la lectura ocurre frecuentemente por interacción con otros individuos o textos, que son nuestras fuentes de lectura; en tercer lugar, la lectura suele generar un proceso comunicativo, oral o escrito, en torno a la propia lectura.

Pues bien, estos tres procesos se ven potenciados por la lectura en pantalla - o la lectura en pantalla se ve amplificada por cualquiera de estos tres procesos. En la medida que nuestras prácticas profesionales y de ocio se digitalizan, en la medida que buena parte de nuestra interacción socio-textual es digital y en la medida que nuestra actuación comunicativa se torna cada vez más digital, leer en pantalla se convierte en una actividad "naturalmente social".

En mi caso, leer un artículo en el iPad, subrayarlo y comentarlo con la aplicación GoodReader y después extraer las anotaciones y subrayados para escribir una entrada con Blogsy o un nuevo documento con el procesador de texto se ha convertido en algo muy natural durante este mes. Así mismo, disponer de librerías y bibliotecas on-line es, para un ciudadano de la periferia como yo, una fuente de alegría constante. Por último, poder volcar en Twitter, Facebook o Tumblr tanto citas como reflexiones sin desplazar mis dedos más que unos centímetros es, para mí, una ventaja evidente.

Por otro lado, leer está también asociado con otras "actividades paralelas", algunas personales y otras sociales. Ya hemos comentado como el problema del subrayado me hace preferir el iPad al Kindle para los textos académicos y la "literatura gris" como la normativa o similares pero aun ha habido cambios más importantes en mis costumbres por el simple hecho de leer exclusivamente en pantalla.

Un ejemplo es mi no visita a las librerías. Este pasado mes de septiembre participé en un congreso que se celebró en Salamanca. En condiciones normales habría visitado la rica variedad de librerías que ofrece la ciudad de Salamanca pero ¿para qué entrar en una librería si no quería comprar libros físicos? En una librería anglosajona (y en algunas librerías de nuestro entorno) es frecuente que la librería sea también un espacio de lectura, donde puedes tomarte un café mientras revisas libros o revistas antes de comprarlos. Sin embargo, en muchas librerías en España "te miran raro" si hojeas demasiado. Y si no vas a hojear o a comprar, ¿para qué vas a una librería?

Por otro lado, en ese mismo congreso tuve la suerte de escuchar a Ana María Machado y a Néstor García Canclini. Como habrás visto en la lista de lecturas, en el mismo momento que mencionaban sus obras yo las estaba revisando y comprando (o descargando) on-line. Esto me parece un auténtico privilegio en cuanto a disponibilidad de la información, aunque obviamente puede saturar el tiempo de lectura del cual disponga cada uno. Para leer en pantalla es necesario cierta racionalización del tiempo, priorizando unas lecturas sobre otras y leyendo de maneras diferentes los textos según el propósito de la lectura, a veces completa e intensamente, a veces scanning o buscando una información concreta, a veces skimming o intentando hacernos una idea general del texto. Enseñar estas destrezas (búsqueda y selección de documentos, racionalización del tiempo, lectura estratégica y crítica, etc.) es un deber fundamental de la escuela ante la avalancha de texto escrito mediado por estos nuevos dispositivos.

Ventajas y desventajas complementarias

  • Al poco tiempo de empezar a leer en pantalla ya no recordaba qué textos contenía mi dispositivo. Creo que hay una relación directa entre la facilidad con la que consigues un texto digital, sin desplazarte del sillón, y la facilidad con la que olvidas si realmente tienes o no ese texto. En el caso de los libros físicos el lento proceso de ir a la biblioteca o la librería, localizarlo y obtenerlo, traerlo a casa, depositarlo entre y junto al resto de tus libros para después leerlo hace que recuerdes que posees ese libro de manera más duradera. Esto implica que de consolidarse la lectura en pantalla será preciso encontrar mecanismos de catalogación en dispositivos electrónicos, como ya me mostró hace un tiempo Jordi Adell con Sente o Mendeley. Por otro lado, precisamente este mes ha habido un debate abierto en los medios de comunicación sobre la propiedad y la posesión de obras digitales: ¿son tus libros digitales realmente tuyos?
  • Me ha gustado mucho leer por la noche, ya acostado, con la luz de la funda del Kindle. El silencio de la noche y esa luz me ayudaban a concentrarme en la lectura y a disfrutar sin molestar a nadie ;-) He probado también con el iPad pero la luz que proporciona hacía que realmente me cansara mucho antes y molestara más. Además, eso sí, si se te cae el iPad al suelo o, peor, a la cabeza, puedes arrepentirte durante un tiempo de leer en pantalla.
  • Leo con mucha frecuencia en inglés y en ciertas ocasiones en francés y en catalán. Disponer de un diccionario tan completo y fácil de usar como el que proporcionan la mayoría de los lectores electrónicos es el sueño de quien aprende idiomas y lee en una lengua extranjera. En el caso del diccionario del Kindle, funciona muy bien, es preciso, completo y sencillo de manejar.

Algunas conclusiones (provisionales)

Cierro aquí la entrada provisionalmente. Aunque mi pretensión era realizar una experiencia que me hiciera sentir qué significa leer en pantalla, tengo la sensación de que en realidad se ha introducido en mí un virus que no me permitirá volver exclusivamente al papel con facilidad. Este mes he calculado en muchas ocasiones cuánto ahorraría en dinero, en espacio y en peso si leyera fundamentalmente texto digital y las cuentas son realmente un poderoso argumento. Por otro lado, la disponibilidad de textos (mayor en inglés, menor en castellano, mayor de textos clásicos, menor de autores contemporáneos, mayor de novelas, menor de poesía y otros géneros) es una razón convincente para quien tiene en la lectura un modo de vida por ocio o por negocio.

Evidentemente, quedan asuntos por resolver para que leer en pantalla sea un acto tan naturalizado como leer en papel. Probablemente el libro en papel sea uno de los objetos más tradicionales que tenemos en nuestros hogares, en nuestras escuelas y en muchos otros escenarios sociales. Los dispositivos electrónicos, a pesar de la fascinación que generan, tienen que superar el valor tradicional que nuestra cultura ha dado al libro como objeto demostrando que, aunque hay aspectos técnicos que deben ser resueltos desde la perspectiva del usuario (por ejemplo, la cuestión de copiar y pegar un subrayado en el Kindle y sus apps), hay muchas otras cuestiones que auguran desarrollos muy interesantes, por ejemplo en el terreno de la conectividad, los materiales complementarios a la lectura o la autoedición.

En fin, nuestra generación probablemente esté viviendo el momento histórico de la sustitución del libro en papel por el libro digital; es muy probable que la generación que hoy entra en la escuela viva en un mundo de libros digitales donde el papel se haya convertido en un objeto en desuso.

Vivimos una época de búsqueda, de redefinición y de replanteamientos. No lo digo con desánimo siempre que, más allá del formato, mantengamos la capacidad de leer crítica, inteligente y placenteramente. Lo importante no es el complemento que le pongas al verbo, en papel o en pantalla, sino que el verbo leer siga siendo un verbo importante en nuestras vidas.

Y ahora os dejo. Tengo una edición anotada de El Hobbit que quiero empezar a leer hoy mismo. En papel, claro ;-)

Para saber más (pero sin querer ser exhaustivos)

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Comments

educacontic's picture

Hola Jose, Si estás atento a

Hola Jose,

Si estás atento a nuestro blog podrás encontrar material de todo tipo, puedes buscar por términos (el material está tagueado). Un saludo.

... Written by educacontic on 30/01/2013 - 17:55
José Eduardo Reynoso Lara 's picture

TIC's y Matemáticas

Como puedo conocer sus artículos sobre el uso de las TIC’s en el área de matemáticas, sobre todo a nivel pre-universitario (bachillerato, preparatoria, etc.)

... Written byJosé Eduardo Reynoso Lara on 31/10/2012 - 0:05

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