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10 Jun

ABP: cantus firmus y cantos de sirena (@joaquineku)

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No soy especialista en música, pero me encantan las metáforas musicales. Creo que el ABP se asemeja a una jam-session, al jazz, en general, o a la polifonía creativa entre cantautores. A diferencia de la música dodecafónica, que tiene sus seguidores, todas esas formas contemporáneas coinciden en varios aspectos: intervienen varios intérpretes, no se limitan a reproducir una partitura, pero coinciden en seguir un ritmo y un principio de armonía. El cantus firmus no es el preponderante, sino una línea melódica que permite armonizar el conjunto.

Me interesa destacar que el Aprendizaje Basado en Proyectos no se ahorma a un modelo cerrado en forma de reglas de uso; sino que consiste en una composición de fuerzas, ritmos y melodías, los cuales no se sitúan por sí solos ordenadamente en el pentagrama. Son personas vivas, estructuras sociales y recursos materiales que entran en conflicto unos con otros en no pocas ocasiones; de modo que se podría añadir a cualquier mapa del ABP, incluido el estupendo CANVAS de Conecta13, un par de apartados: “Intenciones”, es decir, tensiones que afloran en un análisis de problemas; y “Conflictos: formas de gestión y de resolución”.

 

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A jam session at El Chalten market. (Flickr / Wikimedia).

Diseño consentido.

Kilpatrick, el mismísimo progenitor del término “proyecto educativo”, terminó renunciando a la etiqueta, a causa del rechazo generado por su propuesta para un “método de proyecto” (1918): “wholehearted purposeful activity”, una actividad intencional encandiladora.

Cierto que el ABP no se apoya solamente en los actos intencionales de los aprendices y sus intereses inmediatos. Quienes se han preocupado por asegurar la viabilidad de los proyectos de aprendizaje en las aulas (Buck Institute for Education, Conecta13) han rescatado la sintonía de Dewey (1916), con el fin de ingeniar una didáctica eficaz: el ABP consiste en la reunión de la teoría con la práctica, las nociones con los acciones (procedimientos, actitudes), a través del diseño de experiencias memorables, la previsión de fases y un ciclo lógico, de principio a fin, que otorgue coherencia a los actos comunicativos de los participantes: desde el reto inicial al producto final. Para que el aprendizaje del alumnado sea realmente activo, hay que superar la dicotomía entre teoría y práctica, que convierte a los proyectos en un postre goloso después de un periodo de instrucción inapetecible.

Ahora bien, el apetito del alumnado no surge de las ganas de comer de los docentes. Dicho de otro modo: las ganas de tocar (appealing) dependen del consentimiento (feeling) de los aprendices. Si no tuviera en alta consideración tanto el diseño del proyecto como los intereses del alumnado, el proceso fabricaría algunos alumnos aplicados, pero no autónomos ni competentes. Sobre todo, sería mucho más arduo conseguir que todo el alumnado, en virtud de su diversidad funcional y cultural, lograse culminar con éxito los objetivos de aprendizaje, los cuales se formulan de manera práctica: tareas que conducen a un producto final.

Gold Standard PBL (BIE).

Teoría del cantus firmus.

El procedimiento recomendado por Dewey y por Kilpatrick, ambos educados y educadores en el pragmatismo americano, a pesar de sus discrepancias, para conseguir que la diversidad de intereses se convierta en una polifonía dotada de valores, consiste en que los aprendices lleguen a compartir los mismos fines en un marco social cooperativo. Ambos comprenden que no basta que los docentes impongan una finalidad, por el simple hecho de que los aprendices tienen que ser capaces de autodeterminarse: investigar, descubrir, buscar los medios y realizar sus fines. Una sociedad democrática necesita “un tipo de educación que produzca en los individuos un interés personal acerca de las relaciones y el control social, así como los hábitos mentales que aseguren cambios sociales sin introducir desórdenes” (Dewey, 1916). Kilpatrick apela a la maduración de los aprendices, la habilidad de los docentes y un proceso que conduce a la autonomía: “El éxito de un docente -si creemos en la democracia- consistirá en ir borrando las huellas de sí mismo o de sí misma  en el éxito del procedimiento” (Kilpatrick, 1918). Perfecto, pero ¿cómo se canta esa partitura?

Nuestra experiencia como docentes nos enseña que las desigualdades sociales en el microcosmos del aula provocan conflictos de intereses que ni siquiera el aprendizaje cooperativo puede resolver plenamente. Los desórdenes generados fuera del aula no se neutralizan en su interior por medio de símbolos de cohesión automática (la sirena, el timbre, las corales patrióticas u otras expresiones de identidad colectiva), todavía menos si el centro educativo reproduce las formas de estratificación social e incluso las agrava creando grupos exclusivos o excluyentes. Por ejemplo, cuando se pretende que el ABP o sus sucedáneos se apliquen aisladamente a una sección no bilingüe, a un grupo de PCPI (actualmente, FP Básica) o de diversificación (hoy PMAR); no digamos si se introduce solo en una materia o en un ámbito.

Suena la sirena: ¿la oyes? ¿No la oyes?

 

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Sirena (Pixabay).

ABP dialógico.

El primer paso hacia la polifonía no consiste, solamente, en compartir un proyecto educativo que asuma el ABP como eje de su didáctica, sino en que el proyecto del centro sea el resultado de un ciclo continuo de participación y de reflexión sobre las prácticas que lo configuran. El método dialógico (Vygotsky, Freire, Ramón Flecha) y la teoría de la acción comunicativa (Habermas) han proporcionado respuestas concretas a la ansiedad del procedimiento con que construir un mundo social sostenible, que no cabían en el cuadro del pragmatismo: las asambleas de aula, la autorregulación, los mediadores y mediadoras (tanto mejor si son electos), el debate sobre los hábitos sociales que impiden la cooperación, los grupos interactivos. No cabe duda que la educación emocional contribuye enormemente a mejorar las relaciones en el aula; pero puede ser mucho más eficaz si transformamos el aula en un espacio comunicativo donde interactúan otros docentes, monitores voluntarios, socios y socias expertos, alumnas y alumnos mediadores, que no se limitan a sacar ventaja de su liderazgo.

Así pues, antes de comprobar que los conflictos pueden ahogar el proyecto mejor diseñado o dejar afónico al humano diseñador, conviene empezar armonizando las voces a través de un ensayo general: un proyecto de intervención, que acredite a los aprendices como protagonistas activos y corresponsables. Puede llamarse Parlamento de la Humanidad, como homenaje a las Naciones Unidas y a la carta de los derechos humanos.

 

ABP interdisciplinar.

El segundo paso significa otro salto cualitativo en la organización del centro: el trabajo en equipos educativos, sin el cual resulta muy difícil articular proyectos interdisciplinares, al menos en la enseñanza secundaria. El currículum no impide que los docentes trabajen juntos, sino que, en cierto modo, lo hace inevitable. ¿Cómo sacar a flote, en el terreno de una sola asignatura, un proyecto que permita el desarrollo de múltiples competencias? Se puede dialogar asertivamente con la jefatura de departamento, con la inspección, con la dirección; pero, a veces, no se convence uno mismo, ni el alumnado más reticente. “Profe, no enseñas Lengua”. Enseño a comunicar... como todos los docentes. El conflicto cognitivo produce en muchos principiantes una angustia insuperable y sirve de excusa para reducir el ABP a la condición de postre, de acuerdo con el libro de texto, o de producto exportable en las redes, como respuesta a los cantos de sirena.

 

¿Sirena? ¿Qué sirena?

Ha sonado la alarma. El ABP a secas puede ser una herramienta ideológica del nuevo capitalismo, como avisa Fernando Trujillo, citando a Richard Sennett y a Byung-Chul Han, para convertirnos en “sujetos de rendimiento que se autoesclavizan hasta la extenuación”. Carlos Magro añade otra señal intermitente, de la mano de Antonio Lafuente: “Si la taylorización nos hizo eficientes y alienados, la tallerización podría hacernos funcionales y estúpidos”.

Vuelvo a tocar el cantus firmus de este artículo: proyectos fundados por los intereses de los aprendices, dialógicos, interdisciplinares. El trabajo de una comunidad que proyecta, en la medida que sea real, supone una descarga de ansiedad proporcional a la cuota de responsabilidad compartida. Los resultados no son automáticos: la historia de maduración a que alude Kilpatrick es un proceso de comunicación y de inteligencia emocional, que nos debe dar la oportunidad de reflexionar sobre lo aprendido. El portafolio de la vida ocupa el mismo espacio y el mismo tiempo que el portafolio de evaluación y aprendizaje. Se puede desburocratizar la evaluación para que sirva al aprendizaje, aunque no se consiga en una hora.

Ahora bien, ¿cómo escapar de la banalidad y del sireneo?

 

ABP CICLO PROYECTO INFOG.png

 

http://www.genial.ly/56b7c3881561e80fa4e10d8a/ciclo-del-proyecto

Infografía: Ciclo del proyecto.



ABP + ApS = educación expandida.

Parece sencillo. Los docentes no son únicamente guías ciegos que acompañan tocando la flauta a un grupo de niñas y niños hasta el borde del precipicio y más allá. Podemos servir de intermediarios para conectar los intereses del alumnado, plurales y diversos, con las cuestiones que afectan vivamente al bien común: nos interesan a todas y todos, resuenan en muchos foros y son puestas de relieve en la agenda de la educación a lo largo de la vida por los movimientos sociales que aspiran a mejorar el mundo.

No es una teoría del cantus firmus, sino una audición de la práctica que se encuentra dispersa en muchas experiencias educativas y reunida en la red. En concreto, el blog Escuelas en redde Rodrigo Juan García se ha especializado en la narración de proyectos que nos devuelvan la esperanza robada por sirénidos y flautistas. La última de antesdeayer: Convertir el colegio en un bosque.

Propongo una fórmula para crear proyectos sobre suelo firme, con una infinita variedad de ritmos: ABP + Aprendizaje Servicio = educación expandida. La he basado en el proyecto CREECE del CEIP Atalaya (Atarfe, Granada) y Andalucía Mejor Con Ciencia. Me he alegrado por reconocerla en algunas de las experiencias que le han dado sentido a mi vida, a pesar de los pesares: Ndatiaku Tu’un Savi, El barco del exilio, Pan, rosas y TIC, Comprender las escuelas del siglo XXI, Historia de un/a aprendiz, ¿Quién fue FGC?, Recicla tu futuro, Aylan Project, RecuperarT.

ABP para el desarrollo humano.

El trabajo por proyectos no se ha aplicado solamente en la economía que nos absorbe el alma y nos deja exhaustos, sino que se ha convertido en un paradigma de las ciencias sociales aplicadas al desarrollo humano. A semejanza de la educación, también en la cooperación internacional hay muchos ejemplos de error o de fracaso, que han utilizado el proyectismo como fachada. David Damberger lo explica así, en una conferencia TED: “What happens when an NGO admits failure”. La reflexión sobre los errores hace tiempo que devolvió a muchas ONG, desatentas con los beneficiarios por exceso de atención a los donantes, voces engoladas por el éxito inmediato, la naturalidad (jazzística, conflictiva) del empoderamiento ciudadano y el desarrollo comunitario.

En nuestro centro educativo nos toca planear algo muy semejante, de acuerdo con asociaciones, ONG e instituciones que, por ser públicas, están obligadas a hacer realidad los derechos humanos.

Si salimos del marco estricto del pragmatismo, el ABP se convierte en un proceso de aprendizaje continuo y de reflexión sobre lo vivido, que no puede satisfacerse en el producto final o en un prestigio momentáneo, sino en una secuencia de transformación permanente.  De esa manera abarcaremos, con los años, nuestro mundo de la vida (Lebenswelt: lenguaje, sociedad, cultura, personalidad), es decir, la fuente de cualquier currículum; y aprenderemos a plantearnos problemas que vale la pena afrontar entre todas y todos; no solo a resolver problemas.

 

ApS + ABP Infograf.png



Referencias bibliográficas:

Dewey, John (1916): Democracy and Education.

Ferrer i Guardia, Francisco (1910): La escuela moderna.

Kilpatrick, William Heard (1918): “The Project Method: The Use of the Purposeful Act in the Educative Process”.

Knoll, Michael (2014): “Project Method”.

Larmer, John y John R. Mergendoller (2015): “Gold Standard PBL: Essential Project Design Elements”.

Algunas citas de Ferrer i Guardia: #escuelamoderna16

"Todo el valor de la educación reside en el respeto de la voluntad física, intelectual y moral del niño".

"Somos adversarios impenitentes de los indicados exámenes... Todo tiene que ser efectuado en beneficio del estudiante".

"Una educación racional será la que conserve al hombre la facultad de querer, de pensar, de idealizar, de esperar”.

"En lugar de... la instrucción teórica... la instrucción práctica, aquella cuyo objeto se le muestre claramente".



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