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17 Ago

Mi PLE y nuestro OLE: de aprendices autónomos a organizaciones que aprenden (@balhisay)

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Son más de 10 años los que venimos reflexionando, investigando, experimentando, escribiendo y debatiendo sobre el concepto de Entorno Personal de Aprendizaje. Mi querida amiga Linda Castañeda me ‘regaña’ cuando explico que el concepto de PLE surge como respuesta a una necesidad tecnológica: la evolución de los tradicionales Learning Management Systems, o LMS, como Moodle a soluciones más personalizables por el usuario-aprendiz, si bien pronto la gente de pedagogía amplió el concepto, y hoy es una idea con más pedagogía que tecnología. 

Y tiene razón en hacerlo, ya que la realidad es que conviven las dos corrientes de pensamiento, la de los que siguen viendo los PLE como una cuestión de software educativo y la de aquellos que entienden los PLE desde una perspectiva pedagógica.

Pero esa historia así contada retrata bien la forma en la que aún muchas personas ven el concepto de PLE, fundamentalmente como cacharrería, eso sí, al servicio del aprendizaje, y me ayuda a invitarles a pensar en los PLE como una forma de entender los aprendizajes en contextos virtuales.

En cualquier caso, como digo, son más de 10 años en torno a este concepto y al de Red Personal de Aprendizaje (PLN), dos ideas íntimamente ligadas, si bien esta última centra la atención en las relaciones que establecemos para seguir informándonos, para compartir nuestras ideas y artefactos, o simplemente para conversar, actividades todas fundamentales en el proceso de aprendizaje.

El descubrimiento allá por 2011 de la iniciativa del IPTS para desarrollar un marco de competencia digital para ciudadanía a nivel europeo, el ya clásico DIGCOMP, me abrió un nuevo horizonte para dar sentido a todo aquello que, dentro del concepto de PLE, tenía que ver con la competencia digital. El análisis del modelo final de este marco frente a la definición de PLE, también clásica, que Adell y Castañeda publicaban en 2010, nos permiten establecer una relación biunívoca entre las tres áreas fundamentales de la competencia digital (DIGCOMP) y las tres partes que componen un PLE.

Sin embargo, muchos no nos hemos podido resistir a aproximarnos al concepto de PLE desde la perspectiva de las organizaciones. Podemos destacar varias iniciativas en este sentido:

  • Hay quienes han diseñado soluciones tecnológicas a través de la agregación de herramientas y recursos 2.0 para facilitar el aprendizaje informal de los miembros de una organización, tal y como planteaba Oskar Casquero y otros en 2010, con su iPLE Network;
  • Otros buscamos ofrecer soluciones tecnológicas a los aprendices para que pudieran construir y desarrollar sus PLEs, como hicimos en el Proyecto Guadalinfo con el PLEg;
  • Se han desarrollado plataformas con un enfoque más social, que permitieran al alumnado participar en actividades formales desplegando sus propios PLEs, como es el caso de Social Wire, plataforma de Social Learning desarrollada por Social Wire Labs, desde la Universidad de Vigo;
  • O directamente se han desarrollado entornos de aprendizaje pensando no tanto en los individuos sino más bien en las organizaciones, como es el caso de SAPO Campus, una plataforma integrada de servicios 2.0 para educación desarrollada por la Universidad de Aveiro, en Portugal, con el objeto de ofrecer un PLE institucional.

Junto a estas iniciativas, más centradas en desarrollos y soluciones tecnológicas, encontramos otras líneas de reflexión, centradas en los procesos de aprendizaje y en la forma en que las organizaciones, y quienes las integran, gestionan sus aprendizajes. Es el caso de Serge Ravet y Graham Attwell, que ya en 2007 hicieron un esfuerzo por definir entornos de aprendizaje ‘institucionales, partiendo de la idea de que las organizaciones también aprenden a través de la reflexión sobre propia práctica, de la investigación colaborativa y de sus redes de conocimiento. Para ello proponían el acrónimo POLE, refiriéndose a los Entornos Personales e Institucionales de Aprendizaje como ecosistemas que permiten o facilitan la interacción entre las actividades de aprendizaje informal de los miembros de la organización, gestionadas a través de sus propios PLEs, y los procesos de gestión del conocimiento de la propia organización.

También Ismael Peña-López apostaba en 2010 por esta línea de trabajo si bien usaba el acrónimo HIPLE para referirse a los Entornos Híbridos de Aprendizaje Personal-Institucional.

Todas estas ideas e iniciativas en torno a los PLE, desde esa perspectiva institucional, nos permiten expandir el horizonte de reflexión e investigación sobre este concepto. En primer lugar colocan sobre la mesa la excitante idea de las organizaciones educativas, y en general cualquier organización, como organizaciones que aprenden. Podemos hablar por tanto de Entorno Organizativo de Aprendizaje (OLE sería el acrónimo de Organizational Learning Environment), al que se refiere Linda Castañeda como el conjunto de fuentes de información, herramientas, actividades, mecanismos cognitivos y redes de personas que usa una organización de forma asidua para aprender. El Canvas de Conecta13 puede ser una buena herramienta para pensar y construir el OLE de nuestro centro u organización educativa.

Este concepto no deja de ser una extensión del concepto de Entorno Personal de Aprendizaje, al que habría que añadir la visión compartida que los miembros de la organización tiene sobre cómo los elementos del OLE se relacionan entre sí para alcanzar unos objetivos comunes. Es decir, el OLE de una organización es algo más que la reunión de los PLE de sus miembros, podríamos decir que es la visión compartida que estos tienen de cómo aprende su organización.

Si el IPTS nos ofrecía un marco perfecto para avanzar sobre el concepto de PLE, desde la perspectiva de la competencia digital, no puede ser menos idóneo la propuesta que también IPTS nos ofrece en Organizaciones Educativas Digitalmente Competentes, un documento traducido al castellano por INTEF.

Organizaciones que aprenden, organizaciones digitalmente competentes y entornos organizativos de aprendizaje, una combinación perfecta para repensar nuestros centros educativos, tanto en clave de cómo sacar el máximo partido a la tecnología (en la gestión, la enseñanza y el aprendizaje, y la comunicación) como de diseñar espacios de aprendizaje adaptados al s. XXI. 

Interesante reto, ¿verdad?

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