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17 Ene
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Los docentes estamos acostumbrados a sacar conclusiones respecto a nuestros alumnos. Pasamos horas con ellos, conocemos sus aptitudes, sus intereses, sus inquietudes... pero, ¿realmente es así? ¿realmente los conocemos a fondo?

Puedes seguir leyendo si estás interesado en revisar tus prácticas y prejuicios sobre los alumnos que tienes delante; si estás dispuesto a admitir, como yo, que me equivoco en los juicios sobre las personas a las que creo conocer; si estás dispuesto a bajarte de la tarima para llegar a la persona que hay frente a ti. Si quieres revisar tus ideas al respecto, continúa leyendo.

 

Hace poco volvía a ver la película The Island (2005) protagonizada por Ewan McGregor y Scarlett Johansson y estrenada en España con el título La Isla. Un grupo de elegidos supervivientes de una gran catástrofe nuclear viven en unas instalaciones asépticas y funcionales sin el menor contacto emocional entre ellos. Cada día, un sorteo público, selecciona a personas afortunadas que podrán viajar a La Isla en dónde no hay ninguna contaminación y disfrutarán de una vida maravillosa. Naturalmente, La Isla no existe, es un montaje logrado gracias a la manipulación mental de todos las personas que viven allí, que han sido creadas a partir de una selección genética de los clientes de la empresa que pagan para tener clones que sean sus seguros de vida cuando éstos los necesiten. Naturalmente, los residentes no tienen identidad real y su propia historia es una invención de la compañía.

Como no todo es predecible, un par de osados residentes lograrán escapar para descubrir la verdad del montaje. Os dejo sin más datos para que veáis la película.

La Isla es una película que puede ayudar a revisar nuestras percepciones acerca de prácticas muy asentadas en nuestra cultura docente. Hablo de los juicios de valor que se hacen irremediablemente acerca de los alumnos para justificar su rendimiento académico, aislando cualquier otra variable excepto la voluntariedad sobre el mismo. Como en La Isla, los docentes solemos anticipar el futuro de nuestros alumnos dotándonos de unos superpoderes dignos de los héroes de cómic. Frente a estos superpoderes, frente a estos augurios que hacemos con juicios demasiado ligeros en excesivas ocasiones, la vida de nuestros alumnos fluye y sigue su curso. Soy de los que piensan que el futuro no está escrito, que no es lineal. Que cada uno elegimos nuestro propio camino y que las experiencias de la vida son solamente una parte imprescindible del camino. Un camino lógico y lineal para un profesor puede que no lo sea tanto para un alumno máxime cuando tienen la absoluta necesidad de experimentar y tomar sus decisiones, sean las que sean. Los profesores valoramos excesivamente a los buenos alumnos: dóciles, trabajadores, respetuosos... no digo que no sea bueno, pero no sabemos ver lo que hay detrás de quienes no cumplen el patrón que deseamos como docentes. Si pudiéramos elegir, ¿cuántos nos quedaríamos en clase sólo con los buenos alumnos?

El viernes por la noche mi mujer se encontró con un antiguo alumno suyo que incumplió todas las expectativas de sus profesores. Estigmatizado por la etiqueta de mal estudiante, tuvo que sacar fuerzas de sí mismo para lanzarse a buscar su propio camino desconfiando de quienes le dijeron que no serviría para nada y de aquellos agoreros que le dijeron que no llegaría a ningún lado. Su camino le llevó fuera de España donde se convirtió en músico; le llevó a casarse y separarse después; le llevó a volver a España de vacaciones y a asistir a un concierto un viernes por la noche en el que se encontró con mi mujer y a decirle que los caminos predefinidos y lineales que le ofreció la Escuela no le sirvieron de nada. Es feliz, sigue estudiando y piensa que la vida no se acaba incluso cuando uno se acerca a los 40 y no ha cumplido los cánones establecidos.

Hoy conocemos que no podemos inspirarnos en el modelo educativo que vivimos para que nuestros alumnos triunfen en la vida, a pesar de que sea muy difícil en determinados contextos dar este tipo de saltos hacia lo que los nuevos estudios y teorías educativos nos indican. También conocemos que siendo buenos alumnos no siempre se llega lejos porque hace falta adaptarse a unos tiempos nuevos y la Escuela no sabe preparar a los alumnos para ello. Nunca hemos tenido unas generaciones tan bien preparadas que engrosan la lista del paro o emigran fuera de España para realizar sus proyectos vitales, algo que incluiría en la experiencia vital de cada persona por beneficioso aunque no por necesidad.

Por eso, seamos más humildes. Ayudemos a que nuestros alumnos vivan su propia vida, a que se arriesguen a ser felices, a buscar sus sueños y que puedan hacerlos realidad. Como en la película La Isla, nuestros alumnos han sido elegidos y son especiales pero tienen derecho a vivir su futuro. Ayudarles es nuestro papel. Este anuncio publicitario muestra de alguna manea esta idea, la de que los sueños de la infancia también cuentan:

PD. Esta entrada en realidad está escrita para los alumnos. Ellos son quienes deberían desconfiar de nosotros (en ocasiones, claro)

Imagen: Dream! bajo Licencia CC

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Comentarios del post

Avatar de Víctor Cuevas

Gracias

Gracias por vuestras lindas palabras. Me quedo con la última frase del post de Eugenia:

... En la vida, algunos triunfarán y lograrán su sueños, otros los transformarán, otros seguirán la lucha, pero que NUNCA un profesor coarte sus alas.

¡¡Cuánta razón tienes!!

... Escrito por Víctor Cuevas el día 21/01/2012 - 20:41
Avatar de Blanca Arteaga

Gracias

Gracias por este post. Nos hemos permitido enlazarlo en nuestro nuevo proyecto: http://parapcpi.jimdo.com/para-leer/

... Escrito porBlanca Arteaga el día 18/01/2012 - 15:55
Avatar de eugeniarc

Emotionware

Oiga mi estimado compañero y amigo, cuando usted escribe tiene la capacidad de llegar hondo, de remecer corazones e invitarnos a la reflexión. Gracias Víctor.
Yo creo a muchos nos ha ocurrido que de pronto, escuchamos esos malvados presagios en relación a algún alumno, sobre todo, cuando no cumplen, como bien dices, con el canon del buen alumno. Cómo no nos damos cuenta que si le pusiéramos más atención, los escucháramos, conociéramos el contexto que lo rodea, quizá nuestra opinión cambiaría y nuestro actuar también. Tenemos que tratar de lograr la empatía con todos nuestros estudiantes, acogerlos y hacerlos imaginar, crear, volar. Nunca romper ilusiones. A veces una caricia, un golpe en la espalda, un cruzar de miradas, puede ser vital para un alumno en formación.
Luego, en la vida, algunos triunfarán y lograrán su sueños, otros los transformarán, otros seguirán la lucha, pero que NUNCA un profesor coarte sus alas.

... Escrito por eugeniarc el día 18/01/2012 - 4:13

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